5 grandes interpretaciones de Willem Dafoe para celebrar su aniversario

El 22 de julio de 1955 nacía William James Dafoe, ejemplo por excelencia de lo que se denomina “actor de carácter” y uno de los intérpretes más carismáticos y versátiles de su generación, que ha trabajado con la flor y nata del cine de autor contemporáneo: David Lynch, Wim Wenders, Wes Anderson, Lars von Trier, Werner Herzog, Zhang Yimou, Spike Lee, Theodoros Angelopoulos… La lista es interminable. Por ello, celebramos su cumpleaños con 5 de sus interpretaciones, siendo muy conscientes de que nos dejamos muchas igual de memorables en el tintero.

La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese (1988)

Tras una serie de excelentes papeles como secundario, su gran oportunidad como protagonista le llegaría con esta adaptación de la novela homónima de Nikos Kazantzakis, cuya calidad se vio injustamente ensombrecida por absurdas polémicas puritanas, que no supieron entender el carácter de declaración de amor a la figura de Cristo que atesoraba la cinta, hecha por dos creyentes (Scorsese y Schrader). Dafoe interpreta a un inolvidable Jesús, con su físico de talla románica, su actitud combativa y sus dudas. Le disputa al protagonista de El Evangelio según San Mateo (1964) el puesto al mejor Jesucristo de la historia.

Posibilidad de escape, de Paul Schrader (1992)

Esta historia de culpa, soledad, amor y redención gira en torno a John Le Tour (Dafoe), un camello que pasa su material entre la jet set neoyorquina, a las órdenes de Ann (Susan Sarandon), narcotraficante de lujo que decide pasarse a los negocios legales. La vida que se le abre ahora a John, en la cuarentena y con insomnio crónico, es incierta… El director de Michigan rehúye el maniqueísmo y los tópicos sobre el mundo de las drogas, así como la violencia gratuita, y Dafoe ofrece una interpretación cargada de matices, acorde con la sutileza impuesta por el guion.

La sombra del vampiro, de E. Elias Merhige (2000)

Aunque la película desaprovecha su estimulante punto de partida por culpa de una plana realización, todo el elenco está espléndido. Centrada en el rodaje de uno de los clásicos del cine de terror, Nosferatu (1922), el peculiar comportamiento de su actor protagonista, Max Schreck (Dafoe), empieza a despertar el recelo de todo el equipo, y enerva a su director, F. W. Murnau (John Malkovich). Inspirada en la leyenda de que Schreck era realmente un vampiro, pues había pocos datos sobre su vida personal, se vestía y maquillaba a sí mismo y su apellido significa “susto” en alemán, ello le permite a Dafoe lucirse con un papel tan complejo como vistoso.

Pasolini, de Abel Ferrara (2014)

Ferrara es otro de los autores que suelen contar habitualmente con el actor, pues comparten análogo gusto por lo experimental y transgresor. La película relata las últimas 48 horas de la vida de Pier Paolo Pasolini (Dafoe), alternando escenas de su cotidianeidad en Roma con dramatizaciones de algunas de sus últimas entrevistas y de varias de sus obras inconclusas. Ferrara, más que llevar a cabo un biopic a contracorriente, lo que hace es espejarse en la figura del director italiano, con desigual resultado. Lo que es innegable es el talento de Dafoe para meterse con convicción en la piel de este mítico creador.

The Florida Project, de Sean Baker (2017)

El director de Tangerine (2015) vuelve a mostrarnos el lado oscuro de la sociedad estadounidense, pero esta vez amortiguado por la mirada aventurera y casi mágica de tres niños que, a pesar de vivir bajo el umbral de la pobreza en un decadente motel cercano a Disney World, solamente piensan en divertirse durante el verano. Dafoe interpreta a Bobby, el conserje que vigila el complejo, con grandes dosis de humanidad y empatía, y resulta una pieza fundamental para aglutinar el sórdido microcosmos de drogas, prostitución, hambre y desesperación que la cinta muestra bajo capas de inocencia infantil.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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