5 películas sobre tejemanejes políticos en el Día Internacional de la Democracia

La celebración del Día Internacional de la Democracia demuestra que se trata del sistema de relación social más justo de los practicados hasta el momento, aunque, como cualquier creación humana, no esté exenta de un lado polémico y oscuro. Desde SundanceTV ofrecemos una mirada a dicho lado con 5 películas que giran en torno a un conjunto de tejemanejes políticos dentro de regímenes democráticos.

Caballero sin espada, de Frank Capra (1939)

Es habitual tildar a Capra de amable u optimista, pero ello es fruto de quedarse solo con la superficie de sus tramas. Y es que, si exceptuamos el triunfo recurrente del bien, están cargadas de una mirada muy crítica hacia su realidad, hasta el extremo de que en algunos momentos destilan angustia y amargura. Miremos, si no, el filme que nos ocupa, en el que el joven e idealista Jefferson (James Stewart) es nombrado senador y enviado a Washington para servir, sin saberlo, a las corruptelas del hombre al que admira. Pero su fe en el sistema no se truncará, y lo demostrará mediante un maratoniano discurso que es imposible ver sin emocionarse.

El político, de Robert Rossen (1949)

Si en la película anterior Capra hacía vencer la bondad individual sobre el podrido engranaje colectivo, Rossen llega a la conclusión inversa; y es que el sistema está tan infecto que termina por matar la decencia de las buenas personas. Tal es el camino que describe Willie (Broderick Crawford), un hombre humilde y honrado de un contexto rural que se mete en política con el propósito de subsanar los males de su entorno, pero que, más pronto que tarde, al ver que el juego limpio no existe en las esferas del poder, decide renunciar a sus principios y superar a sus rivales en sus tácticas sucias para medrar.

Z, de Costa-Gavras (1969)

Inspirado en hechos reales, estamos ante uno de los dramas políticos más duros de la historia, donde el director griego nos ofrece una desoladora visión de la democracia, totalmente corrupta y al servicio de una oligarquía, pues no duda en utilizar a las fuerzas del Estado para eliminar, literalmente, a la oposición. Ni siquiera la honestidad y valentía de unos pocos, como el juez de instrucción encarnado por Jean-Louis Trintignant, aportan un rayo de luz a la demoledora historia, que rubrica la imposibilidad de regenerar el sistema.

Ciudadano Bob Roberts, de Tim Robbins (1992)

Ópera prima del actor californiano, adopta el formato de falso documental para seguir la campaña hacia el Senado de Estados Unidos de un cantante de folk adscrito a la ideología de la derecha cristiana y reaccionaria, y por tanto racista, machista y clasista, que sin embargo oculta lo retrógrado de sus ideas bajo su carisma personal y un efectivo populismo. El marcado humor negro de la propuesta evidencia que su autor no creía que se pudiera llegar a semejantes extremos de manipulación mediática, pero la obra ha resultado profética casi tres décadas después.

Il Divo, de Paolo Sorrentino (2008)

Biografía de Giulio Andreotti (Toni Servillo), quien fuera Primer Ministro de Italia en siete ocasiones, a Sorrentino no le interesa trazar un retrato ecuánime de su protagonista, sino pintar un fresco entre lo grotesco, lo siniestro, lo cómico y lo crítico de los entresijos de la democracia italiana y, por extensión, de toda la política occidental, marcada por la corrupción y la falta de ideología, así como por las presiones de los intereses económicos, sean estos de grandes corporaciones o de grupos criminales como la mafia. No es de extrañar que recibiera el Premio del Jurado en Cannes.

 

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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