Las 5 mejores películas alemanas de la historia

Afrontar la trayectoria cinematográfica de Alemania no es un asunto sencillo. Hablar de su cine sería hacerlo de su historia. De cómo un país pionero en lo audiovisual convirtió la ficción en la arma propagandística más poderosa; de cómo una industria resucitó lentamente hasta convertirse, de nuevo, en una gran potencia europea.

El espíritu del cine alemán tiene su epicentro en la celebración anual de la Berlinale, uno de los grandes festivales del mundo que, cómo no, también es la herramienta de promoción de la autoría autóctona, representada en la sección Perspektive Deutsche Kino. Aprovechando el comienzo del certamen germano, nos tiramos a la piscina –por desgracia helada a estas alturas del año— y elegimos las cinco mejores películas alemanas de la historia –eso sí, intentando huir de boutades y reprimiendo nuestras ganas de incluir a Oh Boy (2011) y Toni Erdmann (2017).

Nosferatu (1922), de F.W. Murnau

El enigma Max Schreck sigue vigente. ¿Era este tipo que inspiraba miedo a todos los asistentes del set de rodaje un vampiro? Al menos se comportaba como tal. Una circunstancia que impregnó el ambiente de un filme que nos descubre, como ningún otro, la esencia del vampirismo y del miedo atávico relacionado con la leyenda. Nosferatu es un clásico del cine de terror por el que no pasan… los siglos.

Metrópolis (1927), de Fritz Lang

La proyección de su metraje completo en 2010 –la UFA envió a los cines una versión mutilada en su momento— en el Festival de Berlín ha sido uno de los grandes acontecimientos fílmicos del siglo XXI. Este filme de Lang funciona de igual manera que las novelas de Julio Verne: adelanta un futuro y también un modelo que sirvió de inspiración para el género durante décadas más tarde. El año 2000 según Lang, desde luego, es mucho más sugerente y emocionante del que vivimos en realidad.

Las aventuras del príncipe Achmed (1926), de Lotte Reiniger

Sería impensable entender el cine de animación del viejo continente sin la labor de esta ilustradora que hizo de la representación de siluetas y sombras en el cine un arte. Esta readaptación de varias de las historias que componen Las mil y una noches –siglo X— es el largometraje de animación más antiguo que se conserva. Un trabajo que marcó una carrera llena de títulos, de fracasos y también una historia de dolor, ya que Reiniger sufrió en primera persona el auge del nazismo en su país.

M (1931), de Fritz Lang

Obra maestra de un gigante como Fritz Lang. El filme narra la investigación policial, que encuentra el apoyo de la mafia, articulada para hallar a un asesino de niñas que atemoriza a la ciudad de Dusseldorf. Una cinta de atmósfera tenebrosa que atrapa al espectador y no lo suelta desde que se abre el metraje. Una de las joyas del expresionismo cinematográfico alemán.

El matrimonio de María Braun (1979), de Rainer Werner Fassbinder

Sin lugar a dudas, uno de los mejores retratos de la posguerra alemana firmado por uno de sus grandes directores. El matrimonió Braun se formó durante un bombardeo y se disolvió tras este: Hermann tuvo que marchar al frente ruso; María, entre ruinas, tuvo que sobrevivir acudiendo a la prostitución. Hanna Schygulla y Klaus Löwitsch son los actores protagonistas de drama sobre las segundas oportunidades en un mundo desolado.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

Más en el blog: Una mirada a la Berlinale 2020: las películas más destacadas de esta edición

 

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