Las mejores interpretaciones de Antonio de la Torre

Si el buen momento del cine español pudiera tener rostro ese sería el de Antonio de la Torre. El actor malagueño se ha ganado dicho calificativo gracias a dos décadas exhibiendo su talento, elevando producciones, ya sea tanto como actor principal como secundario, y siendo un pilar fundamental para el reencuentro de la ficción española con su público. La humanidad inherente de sus personajes, ya sean héroes o villanos muy a su pesar, le han situado como el baluarte de una generación de actores que ha sabido adaptarse a la evolución de nuestro cine, que ha pasado de un tratamiento obsesivo de temas comunes al reciclado de otros movimientos y, finalmente, al alumbramiento de una voz de propia sin complejo alguno que invita a pensar en un futuro que equipare a España con otras filmografías del viejo continente. Navegar, precisamente, por la filmografía de Antonio de la Torre, supone el subrayado de lo anteriormente dicho. También asistimos a la maduración paulatina de un actor al que no se le resiste registro. La constatación de todo ello la pueden encontrar en su rol en La trinchera infinita, una interpretación que solo puede abordar, de esa manera, un actor titánico. Así, como decíamos, bucear por su trayectoria cinematográfica y elegir los títulos que definan su carrera, es una labor compleja. Aprovechando el comienzo de «Panorama España», el nuevo ciclo de Sundance TV, nos lanzamos a esta aventura y seleccionamos los trabajos clave de Antonio de la Torre con la creencia de que lo mejor está aún por llegar.

Grupo 7 (2012)

De la Torre ya contaba con una enorme experiencia y varias nominaciones al Goya cuando le sedujo este papel de partener del por entonces joven Mario Casas, ídolo de adolescentes que con, cada paso, como le ocurre al actor que hoy nos ocupa, se ha consolidado como uno de los intérpretes más interesantes del panorama actual. Ambos dan vida a dos policías bastante anárquicos que se ven envueltos en una investigación que los llevará por caminos impensables en el extrarradio sevillano. Dirigida por Alberto Rodríguez, estamos ante una de las obras más infravaloradas de nuestro cine, con un manejo de la tensión brillante.

Caníbal (2013)

Es la gran interpretación de su carrera dentro de esta magnífica película de Manuel Martín Cuenca, que narra la doble vida de un sastre de Granada. Un ejercicio de género minimalista donde los matices resultan claves y, cómo no, la soberbia caracterización de Antonio de la Torre, un asesino en serie que no deja de cuestionarse tanto a sí mismo como a su modus vivendi. Al igual que la anterior, es una cinta que mereció mejor suerte.

Que Dios nos perdone (2016)

A las órdenes de Rodrigo Sorogoyen, el gran talento directoral surgido en el último lustro, De la Torre da vida a un detective con problemas de comunicación y empatía que ha sido trasladado a una comisaría madrileña y emparejado con un inspector repudiado por sus compañeros. Ambientado en la capital, con un país asolado por la crisis económica, asistimos a una trama de serial killer impecablemente rodada y dotada de momentos absolutamente memorables. Que Dios nos perdone se encuadra en esa nueva reformulación del thriller que iniciaron en este siglo autores como David Fincher o Denis Villeneuve.

Tarde para la ira (2016)

Thriller de venganza modesto en sus formas pero que guarda una fuerza inusitada. De la Torre da cuerpo a un criminal que ha pasado los últimos ocho años en la cárcel y que, al salir, lejos de abrazar la vida que anhelaba junto a su novia y su hijo, se ve involucrado en un episodio en el que tendrá que recurrir, una vez más, a la violencia. El debut en la dirección de Raúl Arévalo se saldó, nada más y nada menos, con el Goya a mejor película. Deseamos con ganas ver su próximo filme. ¿Será de nuevo con nuestro protagonista?

El reino (2018

Finalizamos, de nuevo, con el tándem Sorogoyen-De la Torre con este magnífico thriller que retrata la realidad política de nuestro país en la pasada década. Un submundo de ambición y corrupción donde el bien común queda como una quimera al servicio de unos pocos. De la Torre ejerce de político regional devorado por sus pretensiones y un sistema que no deja de ser cíclico, donde el poder se forja en la sombra. Una película esencial para entender el nuevo cine español, comprometido, sí, pero también enérgico, capaz de captar la atención tanto del público más convencional como del cinéfilo más exigente.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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