Las mejores películas de Grace Kelly

Pocas veces sucede que un actor o actriz tenga una filmografía mayor dedicada a su persona como objeto de estudio que a su labor como intérprete. Eso habla de su legado, de su carisma y, por supuesto, de su esencia. Grace Kelly es uno de los grandes iconos del cine con una carrera exigua, acortada por los avatares del destino, del amor, de la nobleza y, desgraciadamente, de la fatalidad. Kelly abandonó el cine justo tras el estreno de El cisne, en cuyo rodaje conoció al príncipe Raniero de Mónaco. El anuncio de su enlace y consiguiente retirada fue un impacto muy duro para Hollywood. También lo fue su muerte, en un accidente de tráfico en, justamente, una de las curvas retratadas por Hitchcock en Atrapa a un ladrón. Desde entonces, Kelly se convirtió en un icono, en un objeto de culto que, como Audrey Hepburn, sigue marcando tendencia más de medio siglo después. Más allá de su aportación a la moda o al papel cuché, nos dejó un puñado de títulos excelentes. Filmes que, aparte de su belleza, subrayaron un talento que explotó como nadie el maestro del suspense. A continuación, les presentamos cinco largometrajes esenciales de Grace Kelly a propósito del aniversario de su nacimiento.

Solo ante el peligro (Fred Zinneman, 1952)

Gran exponente del Western psicológico en el que Kelly ejerce de recién casada del Sheriff de Hadleyville, Will Kane (Gary Cooper). Su momento idílico se verá interrumpido cuando se anuncie que el forajido Frank Miller vuelve al pueblo con sus secuaces para buscar venganza. Kane fue el responsable de su ingreso en prisión y cuenta las horas para un enfrentamiento para el que parece que no tendrá la ayuda de sus coterráneos, temerosos de las represalias del sanguinario pistolero. Solo ante el peligro es uno de los grandes westerns de todos los tiempos.

Mogambo (John Ford, 1953)

Estupendo duelo interpretativo entre Clark Gable –algún día le dedicaremos un post al carisma de este actorazo—, Ava Gardner y Grace Kelly, tríada de ambiciones sentimentales situada en el corazón de África. Magnífica cinta de aventuras de la Metro que tuvo tanta relevancia en la pantalla como fuera de esta. Pese a que la crítica y el público fueron entusiastas se la considera una obra menor de John Ford. El tiempo la ha ubicado en su lugar: la épica y el romance hechos cine.

Crimen perfecto (Alfred Hitchcock, 1954)

La escueta filmografía de Grace Kelly tiene su hito en las colaboraciones con Alfred Hitchcock. Crimen perfecto nos deja, sin lugar a dudas, su mejor interpretación. De nuevo, encarnando a una esposa de un hombre que sospecha que le es infiel y pretende asesinarla. Para ello, convencerá a su mejor amigo de la universidad para que entre en su casa y la mate. Por supuesto, será una labor bastante compleja y ocupará las capas narrativas de un filme sensacional donde Kelly brilla con luz propia.

La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)

Precisamente, la luz es la protagonista de una de las escenas más logradas de esta magnífica cinta de intriga del maestro británico. Aquella en la que el personaje principal protagonizado por James Stewart se despierta en su silla y ve como la luz se abre paso hasta el rostro de su pareja. Una vez más, la actriz de Filadelfia desvela carisma y sofisticación en este rol secundario pero fundamental para el desarrollo de la trama de un filme sorprendente, incluso setenta años después.

El cisne (Charles Vidor, 1956)

Finalizamos con su antepenúltima interpretación en la ficción –ese mismo año estrenó Alta sociedad y en 1966 hizo un cameo en la cinta de serie B Las flores de diablo. Es la obra que cambió su vida personal y su estatus. También la constatación de que su talento era más que una cuestión física. El filme nos sitúa en Centroeuropa a comienzos del siglo XX. Allí una joven está siendo preparada para casarse con un príncipe. Sin embargo, su corazón pertenece a su maestro de esgrima. Un largometraje de sobremesa que cuenta además con la excelente interpretación de Alec Guinness y la buena mano de su director, Charles Vidor, un cineasta infravalorado pero que se erigió como uno de los grandes artesanos del Hollywood de los 50.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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