Las mejores películas de Ken Loach

Un cineasta como Ken Loach nunca ha dejado de ser una rara avis. En su comienzo y madurez provocando incomodidad; en el final de su carrera generando incomprensión. Su cine, estéticamente despojado de un armazón visual virtuoso, e ideológicamente ubicado en un lugar lejos de la ambigüedad, no se ha adaptado a los estándares de la nueva cinefilia. Poco importan las Palmas de Oro obtenidas y ser un habitual del circuito de los grandes festivales, su cine no casa, al igual que muchas de sus ideas, consideradas trasnochadas, incluso por miembros de la izquierda. Es lo que tiene atizar constantemente al capitalismo en un mundo moralmente maltrecho, amante de los símbolos y carente de humanidad.

Su penúltimo filme, Yo, Daniel Blake (2016), es el paradigma de lo anteriormente comentado. Una propuesta austera, con un enfoque relativamente ingenuo pero que describe, como ningún otro, el estado de la izquierda europea: erosionada, anticuada y decadente; inoperante e ineficaz antes las nuevas necesidades de la clase obrera inglesa. Todo ello personificado en el protagonista del largometraje, un hombre que, cercana la senectud, se ve desamparado ante un sistema que lo ha degradado a límites insospechados. Así, de esta manera, un realizador como Loach es más necesario que nunca en unos tiempos donde la solidaridad es solo una marca.

Esperando noticias de su nuevo trabajo, y coincidiendo con la celebración de su 84 cumpleaños, elegimos las mejores películas del director de Nuneaton.

Kes (1969)

Segundo largometraje de ficción –ya había facturado previamente TV-Movies— de Ken Loach y primer gran hito en su filmografía. Ya en Pobre vaca (1967) apuntaba esa mirada cercana y humanista que abrazaba a los habitantes del extrarradio que hicieron del Free Cinema el movimiento cinematográfico más importante en Reino Unido en la segunda parte del siglo XX. Kes relata la relación entre un joven inadaptado llamado Billy Casper y un halcón en el condado de Yorkshire. Una historia entrañable que coleccionó numerosos premios tras su premiere; el más importante: el Globo de Cristal de Karlovy Vary.

Miradas y sonrisas (1981)

Obra aparentemente menor dentro de un currículum plagado de trabajos de impacto crítico pero enormemente lúcida, sobre todo a la hora de dibujar este cuento romántico entre dos almas a la deriva condicionadas por el contexto. Un filme que se presentó en la sección oficial del Festival de Cannes –como la gran mayoría de cintas firmadas por el veterano director. Graham Green y Carolyn Nicholson protagonizan este drama sobre la relación entre un joven que aspira a convertirse en soldado y una dependienta.

Felices dieciséis (2002)

Una de sus películas más celebradas, cumbre del Free Cinema. Premio al mejor guion en Cannes, Sweet Sixteen es un acercamiento en clave documental a un adolescente que añora una familia que nunca tuvo. Con el motivo de la excarcelación de su madre, prepara un plan lleno de malas ideas para intentar recuperar el hogar que se le privó siendo un niño. Logró la Espiga de Oro de la Seminci vallisoletana.

El viento que agita la cebada (2006)

Primera de las dos Palmas de Oro que aparecen en su palmarés. También su filme más profundo y complejo. Un jovencísimo Cillian Murphy encabeza el elenco de esta película que narra los comienzos del IRA y su lucha contra el gobierno británico a través de los ojos de una pareja de hermanos nacionalistas que desean, como muchos otros, la independencia de Irlanda. El camarógrafo Barry Aykroyd es el responsable de la excelente dirección de fotografía de este trabajo por el que no pasa el tiempo.

El espíritu del ‘45 (2013)

Aunque sus últimos largos son excelentes –como el mencionado Yo, Daniel Blake—, nos quedamos en última instancia con un documental. El espíritu del 45 ofrece una perspectiva inédita de la situación de colapso de las clases bajas en Reino Unido tras el fin de la II Guerra Mundial. Un hermoso y, a la vez, crudo trabajo antropológico que describe el auge del nuevo socialismo en la posguerra y cómo fue denostado y erradicado por Margaret Thatcher en 1979. Una creación que, además, ejerce de (auto)homenaje a las ideas que el cineasta ha expandido en sus ficciones a lo largo de cuatro décadas.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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