Los mejores trabajos de Vittorio Storaro

En una supuesta relación sobre los mejores directores de fotografía de la historia del cine cabrían muchos nombres y apellidos. Lo que es seguro es que, por muy diferentes que fueran cada una de ellas, siempre habría un nombre en común: Vittorio Storaro, el mejor DOP del cine contemporáneo que lleva cincuenta años de carrera prestando luz y sombras a grandes trabajos cinematográficos.

Storaro saltó a la fama por sus colaboraciones con el irreverente Bernardo Bertolucci a principios de los 70. Sin embargo, fue su labor para Apocalypse Now de Francis Ford Coppola la que cambió su vida. Primero, por el impacto que supuso el propio filme en el público; segundo, porque nadie hasta entonces había dibujado una oscuridad, con fotografía en color, como la del largometraje de Coppola. Una oscuridad que se funde con la psique de unos personajes y su paulatino descenso a los infiernos en la selva de Vietnam.

Abarcar la filmografía de este triple ganador del Oscar es casi tan complejo como digerir de primeras el magnum opus de Coppola. Aprovechando el cumpleaños de Storaro, elegimos los que son, a nuestro juicio, sus mejores trabajos por el momento.

El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972)

Una obra que se mantiene resonante medio siglo después. Más por aspectos relativos a su rodaje que por la relevancia del mismo, ya de por sí fascinante. Storaro cuenta, como en la gran mayoría de sus trabajos, con el camarógrafo Enrico Umetelli para dibujar esta historia de obsesión y carnalidad desarrollada principalmente en interiores.

Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)

Como comentábamos, el cénit artístico de su carrera. Como la anterior, inmerso en un set caótico, lleno de rivalidades que se unían a un rodaje complejo, que se alargó ad infinitum, y cuyo resultado fue una de las películas que elevan al cine a la categoría de arte. De nuevo, el tándem Storaro-Umetelli se adentra en la selva vietnamita en este relato sobre el horror, sobre el averno terrenal.

Lady Halcón (Richard Donner, 1985)

Mucho más austera y agradable es esta aventura medieval con toques fantásticos que nos descubrió a Michelle Pfeiffer. Ella es la Lady Halcón del título, víctima de una maldición que lo aparta de su amado, el caballero Navarre (Rutger Hauer). Umetelli carga con una cámara que desvela los claroscuros de esta obra donde lo crepuscular emerge con una enorme belleza. Un clásico de los 80 que da gusto revisitar.

El último emperador (Bernardo Bertolucci, 1987)

Otra demostración de la ambición de Bertolucci con este relato que describe el confinamiento de un niño investido emperador de China a principios del siglo XX con tan solo tres años. Durante 156 minutos, el cineasta italiano ofrece testimonio de su evolución personal en plena decadencia de la propia dinastía. Como con las anteriores, el tándem Storaro-Umetelli se encarga de un envoltorio visual deslumbrante, haciéndonos imaginar, Arriflex 35 BL mediante, un mundo hasta entonces inédito para nuestra mirada.

Wonder Wheel (2017)

Cerramos este listado con un trabajo contemporáneo. Woody Allen decidió contar con el fotógrafo romano para dar mayor empaque estético a sus obras –con Café Society en 2016. En este caso, si algo brilla en Wonder Wheel es su luminosa y contrastada imagen. Storaro ejerce de camarógrafo con el apoyo de Will Arnet para el uso de la steadicam. Un ejercicio primoroso que da vida al background que complementan las clásicas historias del director neoyorquino.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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