Por el aniversario de su muerte, recordamos a Marilyn Monroe

Un 05 de agosto de 1962 fallecía por una sobredosis de barbitúricos, en unas circunstancias nunca esclarecidas, una de las actrices más famosas de la historia. Su prematura muerte y el atractivo y magnetismo de su persona, la convirtieron en todo un icono pop, pero ello dejó en un segundo plano una realidad: y es que Monroe era una excelente actriz. Para demostrarlo, recopilamos algunas de sus mejores interpretaciones.

Niágara, de Henry Hathaway (1953)

Tras papeles secundarios en los que brilló con luz propia, como en Eva al desnudo (1950) o Me siento rejuvenecer (1952), su gran oportunidad como protagonista le llegó en este thriller con notas de drama psicológico, en la que encarna a la joven y sensual esposa de un hombre violento y celoso, interpretado por Joseph Cotten. A pesar de tener una trama muy manida, la película funciona gracias a la habilidad de Hathaway para crear suspense y a la interpretación de Monroe, que construye un personaje muy alejado del tópico de la “rubia tonta”.

Bus Stop, de Joshua Logan (1956)

El responsable de cintas como Pícnic (1956), Sayonara (1957) o Camelot (1967), según es habitual en su filmografía pone el foco en la complejidad de las relaciones de amor y deseo, aunque en este caso con una inflexión un poco más cómica, gracias al contraste entre la rudeza y el machismo del pueblerino cowboy Bo (Don Murray), y la resuelta y chispeante cantante Chérie (Marilyn Monroe). Almodóvar se inspiró en su trama para su filme Átame (1990).

El príncipe y la corista, de Laurence Olivier (1957)

Esta adaptación de la pieza teatral de Terence Rattingan cuenta con una Marilyn Monroe inolvidable en su papel de Elsie, la ingenua y bondadosa chica de cabaret por la que se sentirá atraído el regente del reino de Carpatia, el gran duque Carlos (Laurence Olivier), un tipo estirado que irá descubriendo su humanidad a través de la de ella. Comedia romántica de gran éxito en su época, contiene reflexiones sobre la monarquía, la alta política y el amor aderezadas con situaciones clásicas del género humorístico.

Con faldas y a lo loco, de Billy Wilder (1959)

Una de las cumbres de la comedia de todos los tiempos, traza una lúcida sátira sobre los roles de género mediante la historia de Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon), dos músicos que, en plena Ley Seca, son testigos de un ajuste de cuentas entre dos bandas de gánsteres y se ven obligados a huir, disfrazados de mujeres, en un grupo musical femenino. Marilyn Monroe interpreta a su cantante, de la que Joe se enamorará; y aunque resulta muy difícil ver a nadie más en el filme que a Lemmon, inolvidable en su drag Daphne, la actriz logra ofrecer una memorable interpretación, tan pícara como tierna.

Vidas rebeldes, de John Huston (1961)

Una gran película, eclipsada por su halo de malditismo, dado que sus tres protagonistas (Clark Gable, Marilyn Monroe y Montgomery Clift) morirían posteriormente de forma prematura, como su título original indica –“The Misfits”– gira en torno a un grupo de perdedores que intentan huir, con desigual fortuna, de una realidad que no les gusta. Uno de los wésterns crepusculares más modernos de la historia, al estar ambientada en la realidad de los vaqueros de la época, cuenta con un amargo guion de Arthur Miller sobre la imposibilidad de ser felices.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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