Recordamos a Bernardo Bertolucci en el aniversario de su muerte

Un 26 de noviembre de 2018 nos dejaba uno de los últimos grandes del cine italiano, quien acumulaba sobre sus espaldas, además de innumerables galardones como director o guionista, importantes reconocimientos honoríficos al conjunto de su carrera en los festivales de Cannes, Venecia, Locarno… Consideramos imprescindible, pues, rendirle un merecido tributo con una selección de cinco de sus películas, que además prueban la longevidad de su labor creativa.

La commare secca (1962)

Pocas veces un director debuta por la puerta grande como lo hizo, con tan solo 21 años, Bertolucci, quien, partiendo de un guion de Pasolini, y por tanto con muchas de las constantes temáticas y argumentales de este autor, llevó a cabo una obra muy personal, en la que el elemento de thriller y de reconstrucción visual de la realidad suburbial en la que aparece asesinada una prostituta primó por encima del discurso de crítica social, con lo que el análisis psicológico convivió al mismo nivel que la ideología de izquierdas que ambos autores compartían.

Novecento (1976)

La más ambiciosa de las creaciones de Bertolucci, ni que sea por su duración –casi 5 horas y media–, se trata de un monumental fresco de la Italia del siglo XX, centrado, sobre todo, en la opresión histórica del campesinado, la lucha obrera y el fascismo, a través de la historia de dos amigos, Alfredo (Robert De Niro) y Olmo (Gérard Depardieu), cada uno de ellos, en tanto hijo de un terrateniente y un bracero respectivamente, situados a un lado y otro de los enfrentamientos que dividieron una sociedad apenas unas décadas antes unificada. Pese a no ser una obra redonda, cuenta con momentos tan inolvidables que es de visión obligada para cualquier cinéfilo.

El último emperador (1987)

Un filme que, en la línea de las grandes epopeyas de David Lean, combina con destreza el exótico espectáculo visual de la compleja sociedad china de la primera mitad del siglo XX con el drama personal de su protagonista, Pu Yi (John Lone), el último en gozar del título de Emperador del Gran Qing, dinastía que gobernó el país desde 1644 hasta 1912. Más allá de la deslumbrante fotografía de Vittorio Storaro y los inolvidables temas de Ryuichi Sakamoto, la película incide en la tragedia de un hombre convertido en títere de los avatares históricos como emblema del convulso destino colectivo de los seres humanos.

Asediada (1998)

En las antípodas de su trabajo previamente comentado, este sencillo y bellísimo drama intimista prueba el poder del amor para superar el dolor y la soledad, las diferencias de clase y las barreras culturales. Bertolucci dota a sus imágenes de un lirismo exacerbado gracias a su delectación en los pequeños detalles cotidianos con una cadencia casi musical (no en vano, el protagonista masculino es pianista), y gran parte de la sincera emoción que transmite la obra es mérito de sus dos protagonistas, los excelentes actores británicos Thandie Newton y David Thewlis.

Soñadores (2003)

El propio título del filme ya da una pista del carácter nostálgico de una película que se ha convertido en un pequeño clásico moderno. Y es que no olvidemos que la obra, además de ambientarse en el París del Mayo del 68, homenajea explícitamente a Godard, mientras que se haya impregnada de un hálito contestario, cinéfilo y libertario propio de toda la Nouvelle Vague. De ahí que termine por erigirse en un canto a las ilusiones perdidas, pero no desde la desilusión, sino desde la esperanza, con unos jovencísimos Michael Pitt, Louis Garrel y Eva Green convertidos en figuras icónicas.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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