Recordando a Jeanne Moreau

El 31 de julio se cumple el segundo aniversario de la desaparición de una de las más grandes figuras del cine europeo, cuyo carisma y talento deslumbró delante de las cámaras, aunque también tuvo una exigua carrera como directora y guionista. Desde SundanceTV le rendimos un pequeño tributo mediante su filmografía selecta.

Ascensor para el cadalso, de Louis Malle (1958)

Primer largometraje en solitario de Malle, la cinta parte de una convencional trama policíaca –dos amantes planean el asesinato del marido de ella, un rico y poderoso empresario– para pronto ir un más allá, a través de un estilo que oscila entre Bresson y Hitchcock, lo que explica que alterne el suspense con el minimalismo. A dicha factura visual contribuyen la naturalista fotografía de Henri Decaë y la banda sonora de Miles Davis, todo un hito de la música jazz.

La noche, de Michelangelo Antonioni (1961)

Desde su escena de apertura –la visita del matrimonio protagonista a un amigo moribundo en el hospital–, la película ya deja claro su tono sombrío y asfixiante; y es que la noche a la que alude el título no es solo la que pasan en una fiesta que da un multimillonario aficionado a los intelectuales, sino esa barrera de incomunicación que se ha ido alzando entre los cónyuges, Lidia (Jeanne Moreau) y Giovanni (Marcello Mastroianni). Aunque ambos navegan en un tedio existencial del que tratan de huir de diferente manera, es la mirada de ella, más sensible y menos egoísta, la que advierte su mutuo alejamiento y plantea una salida.

Jules y Jim, de François Truffaut (1962)

Uno de los triángulos amorosos más famosos del séptimo arte, narra la historia de Jules (Oskar Werner) y Jim (Henri Serre), un escritor austríaco y otro, francés, amigos tan inseparables que casi es lógico que se enamoren de la misma mujer, la impulsiva Catherine (Jeanne Moreau). Canto a la pasión y a la amistad, es una de las obras cumbres de la Nouvelle Vague, cuya ambientación en el pasado le da una pátina de romanticismo y nostalgia.

Eva, de Joseph Losey (1962)

Con una estética que bebe tanto de la sofisticación de la Nouvelle Vague como del naturalismo del Free Cinema, Eva es la historia de una obsesión erótica: la que siente Tyvian (Stanley Baker) por Eva (Jeanne Moreau), una insensible femme fatalle, que combina su porte seductor y cool con un carácter frío y cruel, y que lo único que ama es el dinero. Losey indaga sobre los roles genéricos e insinúa la condición de venganza inconsciente por la dominación masculina que tiene el calculador comportamiento de Eva.

Campanadas a medianoche, de Orson Welles (1965)

Este compendio de cuatro obras de Shakespeare (“Ricardo II”, “Enrique IV”, “Enrique V” y “Las alegres comadres de Windsor”) se centra el personaje de Sir John Falstaff (Welles), un pequeño noble pendenciero, cobardica y libertino, que se ve atrapado en medio de las luchas de poder por el trono británico. Moreau cuenta con un papel secundario dentro de un reparto espectacular (John Gielgud, Margaret Rutherford, Ralph Richardson…), por lo que su presencia pone la guinda a una de las mejores adaptaciones shakespearianas de la gran pantalla.

Mademoiselle, de Tony Richardson (1966)

Una historia de Jean Genet, convertida en guion por Marguerite Duras, es el sustrato de este oscuro y mórbido thriller, dirigido por quien entonces era la pareja sentimental de Moreau. El argumento gira en torno a una dulce y respetable maestra rural que, a fuerza de represión, ha aprendido a sublimar sus frustraciones con actos violentos de los que nadie sospecha su autoría. Su personalidad, cercana a la sociopatía, agravará su escisión al enamorarse del parco y viril Marou (Ettore Manni), un leñador italiano que es objeto de la xenofobia de los lugareños.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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