Desapariciones: los grandes casos llevados al cine

La desaparición de Madeleine McCann (2007) supuso la constatación de cómo el cine de género tiene la capacidad de retratar la oscuridad inherente a la sociedad contemporánea. Más allá del terrible hecho, del que catorce años después apenas tenemos datos fidedignos, solo simples divagaciones e hipótesis sensacionalistas, lo que llamó la atención fue el aparato mediático que se estructuró alrededor de este, capaz de cambiar tendencias, incluso de modificar procesos investigatorios. Supuso descubrir, de repente, que el dolor vende. Y la joven Madeleine se convirtió en la estrella de un show que no entendió de fronteras. Esta puede ser una afirmación muy abrupta, pero si echamos un vistazo a la televisión hoy en día, con el predominio de true crimes y los testimonios de figuras mediáticas como punta de lanza del Prime Time, puede resultar hasta ingenua. El filme Adiós, pequeña, adiós, ópera prima de Ben Affleck estrenada en 2007, resultaba bastante esclarecedor. Es el capitalismo llevado a la imagen, con envoltorio enlutado pero fondo amarillento, casi mohoso.

A continuación, y aprovechando el estreno de la serie Adéle en el canal, os presentamos cuatro cintas sobre desapariciones desde diferentes y originales focos.

Michael, Markus Schleinzer, 2011

Ver y sobre todo leer las imágenes del cine de Markus Schleinzer resulta una tarea abrumadora y profundamente desasosegante, como demostraba su segunda película, Ángelo (2018). Su primera es la versión ficcional de la historia del monstruo de Amstetten, un depravado que secuestró a su propia hija y la ocultó en su sótano. Michael se presentó en el Festival de Cannes de su año provocando pavor pero también haciendo sonar la luz de alarma: sigue habiendo y habrá villanos en lo que llamamos realidad. Años más tarde, Ulrich Seidl, maestro de Schleinzer, ironizaba sobre las «bestias» que habitaban los subterráneos austríacos en In the basement (2014).

El intercambio, Clint Eastwood, 2008

Pasamos a una propuesta de trazas más clásicas dirigida por un realizador formidable: Clint Eastwood. Esta película nominada a tres Oscars narra el drama de Christine Collins, una madre soltera a finales de los años 20 que inició una lucha por encontrar a su hijo, arrebatado tras dar a luz. Un drama que, por otra parte, no dejará de estar tristemente de actualidad –véase la España en el umbral de la democracia. La interpretación de Angelina Jolie, llena de fuerza, es el gran valor de esta sólida propuesta que quizá mereció algo más en la temporada de premios de su año.

Missing, Costa-Gavras, 1982

Pasamos a otra tipología de desapariciones: las políticas. Este magnífico filme de Konstantinos Gavras relata la investigación de una esposa (Sissy Spacek) y un padre (Jack Lemmon) tras la desaparición del marido e hijo respectivo, Charles Horman (John O’Shea), un periodista erradicado en Santiago de Chile que vive de primera mano el golpe de estado del General Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Un trabajo que fue candidato al Oscar y al Globo de Oro a mejor película.

La habitación, Lenny Abrahamson, 2015

Cerramos esta relación con una cinta formidable que, si bien no está basada en un caso real concreto, sí que compila hechos similares acontecidos en la última década. El largo del irlandés Lenny Abrahamson cierra el foco sobre lo que parece la cotidianidad de una madre y un niño con unos particulares códigos de conducta. Hay algo que no cambia en la puesta en escena del filme, y ese es su escenario físico: están bajo el yugo de un captor del que planean liberarse. Brie Larson está sensacional en esta vuelta de tuerca del subgénero. Una propuesta que merece mayor visibilidad, si cabe.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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