El cine de Guillaume Senez

Cómo es la vida; cómo es el cine. Un par de años antes del triunfo de Nomadland en el Dolby Theatre de Los Ángeles, se estrenó en Venecia Nuestras pequeñas batallas, segunda película de Guillaume Senez que se aproximaba, como hacía Chloé Zhao en su exitoso filme, a los efectos alienantes de la sociedad de consumo, personificada en sendos filmes por dos individuos a la deriva, que han visto cómo su hogar se descompuso en algún momento de sus vidas y cuya base vital y profesional se halla en las sedes del gigante de paquetería Amazon. Por supuesto, dicha aproximación difiere en la codificación. Nomadland se rige por los preceptos del clásico cine indie estadounidense; la obra de Menez encuentra equivalencias en el discurso del cine de los hermanos Dardenne. Unos rasgos también estilísticos, con el predominio de la cámara en mano que cierra un foco que aprisiona a sus personajes.

Una ficción de vocación humanista, de premisa sencilla en apariencia y de personajes que retratan los temores y anhelos ligados a la contemporaneidad. Todo resulta cercano en el cine de Senez, todo resulta triste y extrañamente familiar. Son nuestras propias vivencias, pretéritas o futuras; o las del vecino de al lado. Su obra habla de personajes que, dentro de su mundanidad, se verán en una tesitura compleja, un contexto que les obligará a redefinir sus principios. Con solo dos filmes, presentados en secciones paralelas de grandes festivales, Senez se ha presentado como la renovación del cine social europeo. Siguiendo las claves de los citados Dardenne o de autores como Ken Loach pero también experimentando, como los seres de su universo fílmico, nuevos caminos y temáticas.

9 MESES, 2015

La ópera prima del director de Uccle es un conmovedor relato que cuenta la ingenua relación entre dos adolescentes de quince años, Maxime y Melanie, que aceleran los pasos hacia una sexualidad primitiva, torpe y, en cierta manera, educativa. Todo cambia cuando llega lo obvio: Melanie se ha quedado embarazada. Ambos deberán hacerse a la idea, superar la frustración y plantear un futuro viable. Todo en la peor edad vital posible. Los ambages solo existen desde el parapeto de la adultez y este no es el más estable. Maxime, interpretado por un magnífico Kacey Mottet Klein –un joven actor al que descubrimos en Sister y hemos visto crecer año tras año—, no asume de inicio esa nueva situación pero también será el primero en adquirir consciencia: quiere continuar el embarazo y animará a su pareja a que así sea. Pero este, como es de esperar, solo será el comienzo de otra batería de problemas que van de lo mínimo a lo complejo. Como la propia vida.

NUESTRAS PEQUEÑAS BATALLAS, 2018

Como indicábamos al comienzo, este filme nos sitúa en el centro y también la periferia de una de las sedes de Amazon en Francia. Allí trabaja como capataz Olivier (Romain Duris), un trabajador eficaz y comunicativo; un padre y esposa abnegado, entregado a la crianza de sus hijos. Un perfil cotidiano que verá cómo se desmorona su realidad cuando la materfamilias abandone sin aviso alguno el hogar. En ese momento surgirá la incomprensión, también la duda y la culpa. ¿Cómo se ha llegado a ese punto?, se preguntan los miembros restantes de la familia. Es probable que jamás encontremos la respuesta. Sea como fuere, el mundo de Olivier está cerca de derrumbarse y en el trabajo la responsabilidad es cada mayor. Elegir comodidad o incertidumbre es el gran dilema que presenta este largo de Senez. Un filme de espíritu y honestidad dardeniannas que enmarca a un cineasta a seguir.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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