Jacques Demy, amor por el cine y la música: sus mejores filmes

Es uno de los grandes directores no solo del cine francés sino también de la historia. Mientras desde Estados Unidos Vincente Minnelli y Bob Fosse le otorgaban una nueva dimensión al musical, desde Europa Demy les dio una personalísima réplica con algunas de las joyas indiscutibles del género. Es difícil entender el musical sin su figura. Su arribo a un panorama francés en el que emergían los grandes nombres de la Nouvelle vague fue de un impacto tremendo, que situó a Francia como la tercera gran industria del mundo tras la americana y la inglesa. La sensibilidad de Demy no solo conquistó al espectador, sino también a otra maravillosa realizadora: Agnès Varda. Ambos compartieron una vida hasta la muerte de este en 1990. Demy falleció por Sida. Según la propia Varda, Demy era homosexual, algo que no impidió que tuvieran una feliz vida juntos. Ambos se brindaron apoyo en sus carreras –como demuestra el precioso póster que ilustró al Festival de Cannes en 2019— y, sobre todo, en un proceso vital lleno de satisfacciones y triunfos. El cine de Demy representó el amor de una forma inédita en su época, incluso transgresora. Ahora, coincidiendo con el aniversario de SundanceTV, pueden ver en el canal La bahía de los ángeles, una de sus obras más conocidas. Desde EAM elegimos los filmes que más nos gustan del magnífico director de Pontchâteau.

Lola, 1961

Demy encuadra en Nantes –ciudad cercana a su lugar de nacimiento— la historia de una cabaretera que lleva siete años esperando a su novio y padre de su hijo, que marchó a Estados Unidos para hacerse rico y poder volver y brindarle la vida que le prometió. Un momento que nunca llega y que se tambaleará en la mente de Lola cuando sea cortejada por un amigo de la infancia. Anouk Aimée, Marc Michel y Alan Scott protagonizan este filme que fue etiquetado por los puristas como parte de la Nouvelle Vague y que, a diferencia del resto de la carrera de Demy, no era un musical al uso.

Los paraguas de Cherburgo, 1964

Su histrionismo, su honestidad y, sobre todo, su estética impactaron al público y la crítica a mediados de los 60. Existen pocas películas más icónicas que este relato romántico interpretado por Catherine Deneuve y Anne Vernon. Su influencia traspasó las fronteras galas, aspirando a cuatro premios Oscar. Un año antes, consiguió la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes. Amor y música, sin rima pero bellamente original.

Las señoritas de Rochefort, 1967

Catherine Deneuve, Françoise Dorléac y Danielle Darrieux encabezan el reparto de esta emocionante y conmovedora historia de dos profesoras de danza –hermanas para más señas— que imparten clase a niñas en la pequeña población de Rochefort. Ambas sueñan con el baile como el trampolín para una vida donde lo esencial es encontrar el amor. Es el gran homenaje de Demy a los musicales clásicos de Hollywood. Una película que es pura vida.

Piel de asno, 1970

Preciosa adaptación del cuento de Charles Perrault que comienza con una promesa: la de un rey a una reina que en su lecho de muerte le pide que no se case con nadie que no la iguale tanto en belleza como en bondad. Unos parámetros que, años después, cumple su hija. Así comienza un viaje por un mundo de fantasía medieval con moralina incluida. Michel Legrand es el encargado de los acordes de una obra en la que disfrutamos de una Catherine Deneuve inconmensurable.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

Más en el blog: Éric Rohmer y la ficción: sus mejores películas

Posts Más Recientes