Las mejores comedias europeas contemporáneas

Cerramos nuestra participación en el especial «Adiós 2020» hablando de la comedia europea. Un género sin apenas relevancia en el viejo continente salvo fulgores efímeros aupados por el box office de países como Francia, Italia, Reino Unido o Alemania. Su defenestración ha sido tal que la European Film Academy tuvo que crear una categoría solo para el género, ya que siempre era obviada en el apartado de mejor película, territorio dominado por el drama y los grandes autores. Este extraño 2020 pudiera ser una excepción porque la ganadora del EFA a mejor filme, Another Round, de Thomas Vinterberg, contiene bastantes elementos humorísticos –es una tragicomedia— pero, en general, la comedia parece un asunto local que solo Francia parece exportar con asiduidad. Precisamente facturadas en Francia y Reino Unido son las propuestas que les presentamos para cerrar el año. Comedias europeas contemporáneas que, por diversas razones, se erigieron en clásicos inmediatos. Filmes repletos de gags pero también de analítica social. No se los pierdan.

24 hour party people, de Michael Winterbottom (2002)

Para EAM la mejor película de un director caído en desgracia (ay, las tendencias) para los especialistas. Un magnífico retrato sobre la escena musical de Mánchester protagonizado por Steve Coogan –el actor fetiche del realizador—, Paddy Considine, Shirley Henderson, Lennie James y Sean Harris. El filme se aventura a descubrirnos los comienzos de Factory Records, un sello musical devenido discoteca multitudinaria donde tocaron grandes como Joy Division o New Order. Todo en clave de comedia.

La vida es un milagro, de Emir Kusturica (2004)

Hablar de Emir Kusturica es hacerlo de la Guerra de los Balcanes pero también es hacerlo de humor. Un estilo de comedia naíf, muy localista, que conquistó al público y a la crítica durante los 90. Como ocurre con el caso de Winterbottom, perdiendo fuerza en la ya adultez del nuevo milenio. La vida es un milagro es una de sus mejores propuestas cómicas. El filme narra los deseos de Luka de construir una vía ferroviaria que parta de Belgrado. Unos deseos que hará realidad pese a los constantes rumores de una inminente guerra civil.

The artist, de Michel Hazanavicius (2011)

Presentada en una de las mejores ediciones del Festival de Cannes que se recuerden –obtuvo el premio al mejor actor para Jean Dujardin—, se convirtió, nueve meses más tarde, en una ganadora del Oscar a mejor película. Cinta muda que retrata el paso del silencio al sonoro en el cine de los 30 que se erigió en todo un fenómeno de masas. Por desgracia, como suele suceder, el éxito fue una losa para esta simpática cinta que ofrece un episodio desconocido para el gran público sobre los inicios del séptimo arte.

Intocable, de Olivier Nakache & Eric Toledano (2011)

Es probablemente la gran comedia del cine europeo de este siglo XXI. Por aceptación popular básicamente y porque guarda ese sentimiento de cinta sanadora que a veces resulta pertinente. Esta historia de amistad entre un hombre rico postrado en una silla –François Cluzet— y un migrante con carisma –Omar Sy— es de las que te reconcilian con la vida. Hollywood así también lo vio perpetrando un remake que no vio casi nadie.

Pride, de Matthew Warchus (2014)

Cerramos el listado con esta maravillosa película que narra la unión de dos comunidades por una causa común que desvelará la profunda humanidad con la que nos sorprende la sociedad en ocasiones. Ubicado durante el mandato de Margaret Thatcher, este filme protagonizado por Ben Schnetzer, Monica Dolan, George MacKay, Bill Nighy y Andrew Scott contiene diálogos llenos de chispa e inteligencia pero también mucha sensibilidad. Una de esas sorpresas inesperadas que de vez en cuando aparecen en nuestras vidas.

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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