Las vírgenes no suicidas: ¿qué nos descubrió Mustang?

Cuando algo nos emociona no lo soltamos. Ustedes lo han podido comprobar todos estos años con nuestra guerra sin cuartel por la defensa de filmes como Columbus, First Cow, The Rider o Nunca, casi nunca, a veces, siempre. Propuestas que, además, creemos marcan la editorial de no solo de esta cabecera, sino también de SundanceTV.

La siguiente cinta protagonista de esta columna bien pudiera ocupar un lugar de honor en esta pléyade de obras que han cimentado el indie en los últimos años. Hablamos de la ópera prima de la realizadora turca Deniz Gamze Ergüven, Mustang (2015), que apareció por primera vez en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes hace siete años y que supuso un enorme impacto a nivel crítico y popular. Tras su paso por Francia, comenzó un recorrido exitoso, en el que almacenó numerosos premios –hasta seis en la Seminci— y concluyó con una más que meritoria nominación al Oscar a mejor película de habla no inglesa. Esta suerte de Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999/2000), nos descubrió a una autora que intenta trascender la narrativa clásica otomana, ofreciendo un relato lúcido y delicioso sobre cinco hermanas huérfanas en una pequeña villa marítima en Turquía.

Que en Turquía hay algo más que culebrones

El audiovisual turco vive un momento de auge. Sobre todo, con la exportación de series y miniseries de carácter popular a otros lugares de Europa; impulsados, primigeniamente, desde Alemania, país con una millonaria población con origen en Turquía. Hablamos, por supuesto, de los melodramas, de los culebrones, que articulan los canales generalistas de televisión. Producciones de amplísimo espectro que heredan el gusto por el vulgo del relato más simple y que tuvo como antecesora a la industria hispanoamericana –no es la primera vez que Turquía exporta producto local de vocación abierta; durante los años 80 se convirtieron en una de las cimas del exploitation europeo. En todo caso, la trama de Mustang, en otras manos, pudiera ser la semilla de una de estas telenovelas que proliferan. La clave de la diferencia está en la mirada.

Que en Turquía hay alguien más que Nuri Bilge Ceylan

Paralelamente a esta corriente comercial, el cine de autor turco ha ido entrando con cada vez más fuerza en los festivales más importantes. Son los casos de cineastas como Nuri Bilge Ceylan o Semih Kaplanoğlu, ambos paisajistas de una realidad concreta en el país euroasiático. Y no siempre desde el punto de vista orográfico, sino también psicológico. En el caso de Bilge Ceylan ese estatus ha estado acompañado de grandes premios, entre ellos la Palma de Oro. El filme de Denis Gamze Ergüven comparte con la obra de estos genios la constante captura del presente, también el deseo de plasmar una firma. Cine con carácter transgresor, desde el silencio, desde la mirada y también, en el caso de Bilge Ceylan, desde el verbo.

Que las chicas son guerreras

Como comentábamos al inicio, Mustang narra la relación entre cinco hermanas huérfanas en una población portuaria que deben afrontar un futuro que no parece propicio. La reflexión, el debate ante esto, está presente en el metraje, también su deseo por disfrutar, por vivir, por aprender, por interaccionar con su entorno. No dejan de ser niñas que, pese a la fatalidad, desean emular a las heroínas que acompañan su presente. Por desgracia, tendrán que sufrir la doctrina patriarcal de la zona, que contemplará no con buenos ojos el despertar sexual de las jóvenes. La película de Denis Gamze Ergüven es una historia de emancipación, delicada, cuidada y profundamente evocadora. Un clásico ya de nuestro tiempo.

El antepenúltimo mohicano

@eamcinema | Park City, Utah.

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