Los herederos de James Dean

Está todo dicho sobre James Dean. Un proyecto de gran actor que se fue demasiado pronto y que en el tiempo que estuvo entre los vivos conformó un legado perdurable, erigiéndose en mito para una cinefilia que despertaba en la edad de oro del cine norteamericano. Solo necesitó cinco películas, las tres últimas como gran protagonista, paro alcanzar el Olimpo. Con él nació el fenómeno fan; también el merchandising. Era el espejo de una generación. Su partida fue un golpe artístico y social de tal magnitud que setenta años después sigue doliendo.

Dean era algo más que un rostro atractivo: tenía carisma, también alma. Era capaz de resultar convincente desde la profundidad –puro Actor’s Studio— y desde la levedad –su faceta más ligera es mucho menos conocida. Es por ello que, como buen mito, se buscaron herederos tras su muerte. Una constante década tras década.

A continuación, les presentamos a algunos de ellos.

Paul Newman

Es el mejor actor de todos los tiempos. También el que mejor entendió Hollywood y el que mejor le supo sacar partido; alejándose de la obviedad y construyendo una filmografía hermosa, que rimaba con un estilo de vida lleno de elegancia y consecuencia. La presencia de Newman en este listado responde más a un anhelo: probablemente la carrera de Dean hubiera envejecido igual de bien que la del actor de Ohio. Newman heredó la posición de Dean junto a otro actor como Steve McQueen. Rebeldes, en este caso, con cierta causa.

River Phoenix

Aspirante a Dean de los 80. River Phoenix compartió con él la fatalidad. Una muerte trágica, cuando oteaba la madurez personal y profesional. Desde su adolescencia se le comparó con el actor de Gigante. Como en el caso de Dean, había algo más que un físico privilegiado. Una sensibilidad que todo lo impregnaba. Convertía el papel más inane en algo bello. Uno de esos actores a los que jamás podremos apartarles la mirada.

Brad Pitt

Su versión de los 90. Brad Pitt es el forracarpetas por antonomasia. Vivió su juventud convertido en objeto de culto. En su madurez ha sufrido todo tipo de experiencias, algo que afectó a su trabajo pero, nuevamente, vuelve a estar, treinta años después, en primera línea. Y eso solo lo pueden hacer gigantes, véase su interpretación en Érase una vez en Hollywood y Ad Astra. Pitt lo es y creemos que lo mejor está aún por llegar.

James Franco

Aunque entre Pitt y Franco podríamos intercalar a Leonardo DiCaprio –otro fenómeno fan por sus actuaciones en Romeo y Julieta (1996) y Titanic (1998)—, elegimos al segundo, un proyecto de actor intenso que pronto le dio la espalda al mainstream para erigirse en un bastión del cine independiente, también como director. Aunque, todo hay que decirlo, a Franco le gusta más el gamberrismo cinematográfico. Disfrutar. Es por ello que ha formado parte de numerosas comedias generacionales; la mayoría con su amigo Seth Rogen, y subproductos comerciales. Franco, por cierto, encarnó el papel de Dean en James Dean: una vida inventada (2001), por el que ganó el Globo de Oro a mejor actor principal en la categoría de miniseries. Esta fue su carta de presentación en la industria.

                                   El antepenúltimo mohicano

@eamcinema | Park City, Utah.

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