Top 5 Cine francés contemporáneo

El cine francés de los últimos años ha destacado por su dinamismo y lo resolutivo de una propuesta condenada, como la mayoría de producciones europeas, a la austeridad financiera. De este modo, directoras como Emmanuelle Cuau son capaces de convertir un modesto drama social, según anunciaba el título de su última película: Pris de court (Not on My Watch, 2017), en una penetrante radiografía de la clase media-baja parisina enfrentada a los estigmas del proletariado. A continuación, proponemos un top 5 de los mejores ejercicios cinematográficos producidos en Francia durante la última década.

 

  1. En la casa (Dans la maison, 2012)

El reputado director François Ozon ha conseguido alcanzar la fama gracias a su característico estilo de filmación y, sobre todo, a la contundencia argumental con la que analiza las relaciones familiares, las amorosas y la enfermiza combinación que se da entre ambas. Con esta película, Ozon plantea un thriller dramático que situará, como es habitual, a la mujer en el epicentro de toda la acción dentro de un contexto burgués. La propia familia, así como el poder del sexo, son los principales elementos desestabilizadores de las relaciones sentimentales planteadas, y esto quedará subrayado mediante un juego de contrastes a través del cual, el director acertará a enfrentar el pecaminoso entramado voyerista con una luminosa fotografía veraniega, haciendo así efectivo el principal dilema ético sobre el que se fundamenta la película.

 

  1. Un dios salvaje (Carnage, 2011)

Esta comedia, negra como sólo Polanski sabe hacerla, se presenta con un planteamiento teatral muy esquemático que enfrenta a dos matrimonios en un mismo apartamento. La premisa que da sentido a esta reunión consiste en solucionar de manera diplomática una pelea que ha involucrado a los hijos de ambas parejas. Lo que en un comienzo surge como una agradable velada que se saldará con rapidez y entendimiento mutuo, da origen a una trama buñueliana en la cual, los invitados serán incapaces de abandonar el apartamento, pero no por una fuerza invisible que los atrape de forma inexplicable, sino por su simple egolatría, su orgullo y su estupidez. Una divertidísima y cínica visión de la puerilidad adulta y la mala educación.

 

  1. Casa de tolerancia (L’apollonide, 2011)

Bertrand Bonello compuso con esta obra uno de los retratos más perturbadores y violentos sobre la división de clases en el París de principios del siglo XIX. Desde la última posición jerárquica, surge la perspectiva de las prostitutas que, cada noche, han de someterse a las fantasías más depravadas de los clientes, representantes de la alta sociedad que no tienen ningún problema en humillar y despreciar a las jóvenes empleadas puesto que creen que su dinero les concede un absurdo poder de posesión. La trama girará en torno a una de esas prostitutas, desfigurada por un sádico, y obligada a verse transformada en un monstruo circense; de ser uno de los objetos de deseo más preciados del prostíbulo, a divertir con su triste y brutal sonrisa a los morbosos que se amontonan para ver el cruento espectáculo. Otra visión sarcástica de la sociedad, pero ejecutada con un dramatismo nigérrimo.

 

  1. La vida de Adèle (La vie d’Adèle, 2013)

Con el descubrimiento sexual y personal como base argumental del filme, Abdellatif Kechiche realizó un trabajo interiorista magnífico que, mediante un estudio detallado de la naturaleza de sus personajes, cuenta la historia de una joven en esa etapa de transición conocida popularmente como “coming-of-age”. En su desesperado esfuerzo por encajar en un mundo indolente, Adèle hallará el amor en una chica de pelo azul. Desde ese instante, el director diseccionará, desde el ámbito físico y el emocional, a las dos protagonistas para completar uno de los ejercicios de desarrollo del personaje más sublimes de los últimos tiempos.

  1. De óxido y hueso (De rouille et d’os, 2012)

Jacques Audiard compuso una de las fábulas más sorprendentes de esos improbables encuentros entre dos personas que pertenecen a polos opuestos del mundo y, por extraño que pudiera parecer, parecen destinados a encontrarse. Stéphanie es una mujer de sensibilidad extraordinaria, cuidadora de orcas en un parque zoológico, mientras que Alí es un bruto, un luchador a sueldo sin ningún tipo de fisuras emotivas. Sin embargo, la aparición de ella en su vida le hará replantearse el propósito de su lucha y, sobre todo, sacará a relucir su faceta más protectora, algo que será representado con una de las escenas más violentamente emotivas de la última década, tratando de rescatar a su hijo atrapado en el agua helada bajo una gruesa capa de hielo.

 

El antepenúltimo mohicano

Park City, Utah.

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